Durante las 8 horas que duró nuestro vuelo, Soo Hyuk no dijo nada. A veces me miraba de reojo con intención de decir algo, pero siempre se contenía.
Odiaba que se callara cualquier cosa que quisiera decirme, a pesar de que le hacía la vida difícil, era la única persona en quien confiaba.
Relajada e intentando sonar tranquila y amistosa, me decidí a hablarle. -¿Dónde vamos?.
- De momento nos dirijimos a Jakarta, después allí veremos que destino nos espera. -Dijo seco y retorciendo un papel que sostenía en la mano.
-Jakarta… había destinos de castigo más cercanos y con menos gastos para la madre patria.-Dije irónicamente.
-Deja de hacerte la lista, estás aquí por cabezota.
-¿Vas a empezar con eso otra vez?, por Dios, ya me quedó claro la primera vez, no hace falta que insistas. -Dije ya desquiciada.
-¿Es que no eres consciente de que puedes morir?, ¿no te he enseñado nada?.
-Me has enseñado muchas cosas y una de ellas es pensar en mi bienestar. ¿Crees que esa misión será ir, colarse en un par de sitios y volver?. ¿Es que no conoces a Waters? -dije más serena intentando calmarlo a él.
-Si hubieras aceptado, yo habría sido tu jefe de equipo, como siempre.
-Si hubiera aceptado, te habría puesto en peligro. -dije con el rostro serio.
Giré la cabeza y me puse a mirar por la ventanilla del avión, mientras él seguía observándome. Llevábamos tantos años en la misma división, que parecíamos hermanos. No, hermanos no, eso nunca.
/------------------------------------------------------/
Por fin llegamos a Jakarta.
Aterrizamos en un aeropuerto militar de las afueras, en la que una furgoneta nos esperaba para llevarnos donde quiera que fuésemos.
Ante nuestra llegada, el conductor de la furgoneta se bajó y saludó a Soo Hyuk.
-¡Vaya!, ¿Qué te trae aquí de nuevo?.
-¡Sean!, ¿cómo estás amigo?, dijo Soo Hyuk, dándole un abrazo.
-Creí que iba en serio cuando dijiste que no pisarías este país otra vez. -Mientras hablaba, yo me acerqué despacio a ellos, limpiando los cristales de mis gafas de sol.-Vaya, vaya. Eso lo explica todo. -Dijo Sean mirando en mi dirección. -Sabía que habría una buena razón para que arrastrases tu culo hasta aquí.
-No digas chorradas, ella está en mi equipo.
-Si llego a saber que me tocarían alumnos así no habría aceptado este puesto. -dijo sonriendo.
Ya a su altura, Soo Hyuk se volvió hacia mí. -Dante, este es Sean Murray, Teniente de las fuerzas armadas de su majestad aquí en Indonesia.
Sean me extendió la mano para saludarme y correspondí su gesto seria e impasible.
-Es un poco hosca, ¿no crees?.
-Es peor, está aquí para adiestramiento especial. -Dijo Soo Hyuk esbozando una sonrisa.
-Ah, los viejos tiempos. ¿Cuántas veces nos han traído a nosotros por lo mismo?.
-Más de las que podemos recordar.
-Bueno hermano, voy a llevaros hasta el hangar, allí uno de nuestros conductores os va a llevar hasta vuestro destino. -Sean bajó el tono y le dijo a Soo Hyuk, -Tío, cuidaos de lo que os espera, por lo que he podido oír, no es un correctivo ordinario. Algo está pasando, todos andan muy nerviosos por aquí.
-De acuerdo.-Respondió Soo Hyuk apretando los labios.
En el hangar, un todo terreno algo desvencijado estaba listo para llevarnos. Soo Hyuk se paró para hablar con el conductor y este le dijo que nos llevaría hasta el puerto. Allí, por lo visto nos esperaba un barco.
-Capitán, ¿vas a decirme dónde vamos?, le pregunté calmada y con voz suave.
-Nos llevan a Padang, allí está el teniente Víctor Connel, es el jefe de nuestro comando y el que nos asignará tu misión. -dijo secamente mientras, observaba atentamente cada detalle a nuestro alrededor.
-Sí, señor. -Dije en voz baja, acomodándome en el asiento.
Durante todo el trayecto, nadie dijo nada, el ambiente estaba extrañamente recargado, por lo que me ahogaba el solo hecho de permanecer tan tensa durante tantas horas.
¿Que me habían preparado esos cabrones del MI6?, estaba más que segura de que querían mi muerte, pero lo que más furiosa me ponía, era no saber el por qué. ¿A qué venía tanto secretismo en torno a mi persona?. No conocía casi nada del mundo exterior, sólo el dolor, el sufrimiento, el olor de la sangre y el miedo de sentirte sola y amenazada por unos sádicos a los que llamaba entrenadores.
La noche era cerrada al llegar al puerto, la brisa marina se introducía en los huesos haciendo que hasta el alma tiritase. El conductor nos llevó hasta el muelle, donde nos esperaba el capitán del barco. Bueno, si a eso podíamos llamarlo barco.
Era una especie de bote con una cabina minúscula. La eslora no mediría más de 3 metros.
-Dante, sube, tenemos que irnos de aquí lo antes posible.
-Soo Hyuk, espera. -Dije con la voz entrecortada.
-¿Qué pasa?, tenemos que irnos ya.
A nuestro alrededor, la atmósfera se sentía pesada, casi asfixiante. Podía sentir como el sudor frío se amontonaba en mi frente intentando avisarme de algo.
El muelle parecía solitario, pero Soo Hyuk y yo sabíamos que no era cierto. Algo ocurría, estábamos en peligro.
Con sigilo, me aproximé a él, intentando ponerle alerta y le susurré, -Dos detrás del pesquero a mi izquierda, tres en el callejón, dos en la nave y uno en el bote que nos lleva a Padang.
-¿Segura?, -dijo sin apenas mover los labios.
-Del todo, quizás haya más gente, pero son a los únicos que he podido ver de momento.
-Prepárate. ¿Recuerdas el día de la expedición en campo abierto?, debemos seguir ese mismo procedimiento. Cubre mi espalda y yo cubriré la tuya. ¿entendido? -Dijo nervioso, mientras sutilmente se colocaba detrás de mi.
Un escalofrío recorrió su espalda, estábamos listos para entrar en combate, pero totalmente a ciegas. No teníamos más que las armas que escondiamos. Soo Hyuk fue muy tajante con eso en nuestra formación. Nunca debían pillarnos desarmados y con la guardia baja. La experiencia nos había hecho memorizar donde ocultaba el otro su arma.
Oímos pisadas cada vez más cerca de nosotros, mi cuerpo se estremecía y tensaba preparado para lo que nos estuviera destinado esa noche.
-Dante, no les permitas tocarte. -Susurró mientras su mano lentamente se deslizaba por la pernera del pantalón para acceder al cuchillo.
-No lo haré.
Antes de que pudiera decir algo más, dos hombres con pasamontañas se abalanzaron sobre nosotros. Rápidamente saqué el cuchillo que ocultaba en la hombrera de mi chaqueta, y en un brusco giro se lo hundí en la garganta, haciendo que un torrente de sangre saltase sobre mi cara.
Soo Hyuk forcejeaba con su contrincante, quien intentaba quitarle el arma, pero en una fuerte embestida, le rompió brutalmente el cuello dejandole caer súbitamente al suelo.
Rehaciendo la formación, en menos de dos segundos estábamos completamente rodeados por más de 15 asaltantes, que nos apuntaban con pistolas.
-¡No disparéis!, se oyó una voz detrás de la formación. todos ellos mantuvieron las pistolas señalando nuestros cráneos, mientras una figura avanzaba entre las sombras.- Ahora no eres tan fiera. -dijo la sombra con rintintin.
-¿Waters? -pregunté intentando descifrar los rasgos del enemigo.
-En efecto, querida. Desde que te conozco solo me has causado dolores de cabeza y pensé que quitándote de enmedio todos nuestros problemas desaparecerán de un plumazo.
-Cabronazo, toda la excusa de la misión era un pretexto para matarme. ¡Hazlo ahora hijo de puta!, ¡MÁTAME! -Le espeté.
-No tan deprisa, antes de dar por finalizado tu servicio en el MI6, me divertiré un poco contigo. ¿Creiste que saldrías indemne?, jajaja, vas a desear no haber nacido.
-Waters, ¿Qué es lo que quieres? -Dijo Soo Hyuk intentando distraerle.
-Ahh, el perro faldero del MI6 y guardían de la pequeña ricitos de oro, Kwang Soo Hyuk. ¿Nunca te cansaste de sonarle los mocos a la muñequita favorita de todos?. No hace falta que contestes, sé de sobra que no. -Waters esbozó una malvada sonrisa. -¡Ponedles de rodillas!.
Los hombres de waters nos quitaron las armas, nos retorcieron las muñecas hasta que nos pusimos de rodillas del dolor.
-Es magnífico, ni siquiera un gritito de dolor, que pena, siempre he deseado verla muerta de miedo.
-Tendrás que currártelo mucho para hacerme temblar cabrón. -Le escupí con todas mis ganas a la cara, respondiendo él con un fuerte puñetazo que me abrió el labio.
-Si vuelves a hacer algo tan estúpido, rajaré a tu amiguito desde el puto ombligo hasta la nariz, ¿entendido?.
Me sentía mareada, el cabrón me había pegado con todas sus ganas y la sangre no dejaba de salir de mi boca.
Waters se inclinó hasta estar cara a cara con Soo Hyuk. -En realidad, sólo soy un mandado, la quieren muerta y a ti también. Tanta fidelidad a alguien que os vende como perros. No voy a seguir perdiendo el tiempo con vosotros. Ha llegado la hora, hasta más ver. -Dijo sonriendo. Lentamente se fue alejando de nosotros hasta que montó en el coche que esperaba por él.
-Que ni se te pase por la cabeza dejarte matar, Soo Hyuk, o seré yo quien te abra el cuello. -dije adoptando la posición de defensa. No sabíamos si había llegado nuestra hora, pero había que pelear. Pelear y sangrar o pelear y morir. Esa era la única doctrina a la que debíamos rendir cuentas.
Estábamos en el centro de un círculo en el que quienes nos rodeaban iban armados hasta los dientes con pistolas y barras de hierro. La luz de la luna hacía que todo aquel mortífero metal resplandeciera de una forma casi diabólica. El silencio era sepulcral, esperando el primer movimiento para que el sacrificio empezase.
Soo Hyuk y yo nos miramos, sin apenas un gesto, ya sabíamos como actuar. El sonido de uno de ellos cargando el arma fue el pistoletazo de salida, pero nosotros sabíamos movernos mejor que ellos. Rápidamente me escurrí detrás de uno de los que portaban una barra de hierro usándolo como escudo protector frente a las balas. Una ráfaga de balas acribilló al pobre diablo que sostenía. Aquellos cabrones despiadados vaciaron el cargador sobre su propio camarada.
Conseguí esconderme detrás de un contenedor intentando analizar la situación. Detrás de mí había tres personas, una de ellas distraída viendo como Soo Hyuk había despedazado a dos de sus compañeros.
En silencio me moví cual serpiente, sin hacer ruido, calmada pero letal. Salté sobre el tipo distraído lanzándole un puñetazo en la garganta para dejarlo desarmado. El ruido que hizo al desplomarse llamó la atención de los otros dos, que se giraron al unísono poniendo cargadores nuevos a las pistolas. Sin casi despeinarme, barrí a los dos haciéndoles caer al suelo para apoderarme de las armas.
-No...no dispares, por favor. -Decían desde el suelo, suplicando como masas lloricas mientras oían a la muerte llegar bajo las campanas del infierno.
-No voy a disparar, voy a separar vuestras cabezas del cuerpo y echarlas al agua, para que seáis pasto de los peces.
La furia se había hecho con mi cuerpo y mi mente, no era consciente de nada más que pudiera estar ocurriendo allí. Iban a morir, pero iban a sufrir, hasta el último momento de su asquerosa vida. Era una lástima, pero solo tenía tiempo para descargarme con uno, así que los puse frente a frente. -Tú, fijate bien en lo que voy a hacer, porque será lo mismo que te ocurra después. En un súbito golpe, le clavé el cuchillo atravesándole la nuez, mientras la sangre corría a borbotones, de un golpe seco le rajé la garganta.
-Amigo, es tu turno, pero a ti voy a arrancarte la puta cabeza.
Antes de que pudiera dar muerte a ese desgraciado, oí a Soo Hyuk gritar mi nombre. Estaba en problemas. Me giré para terminar lo que había empezado, pero él ya no estaba allí, se me había escurrido de entre los dedos.
De pronto noté una presencia tras de mí. -Es mi turno, zorra. -Dijo golpeándome en la cabeza con una barra de hierro. Caí al suelo como un saco de harina. Era mi fin.
/---------------------------------------------------------------------/
No sabía que ocurría, solo sentía el dolor. Casi no podía abrir los ojos y si lo hacía, no conseguía ver con claridad. Me pasaba más de 15 horas diarias bajo los efectos de la droga que me inyectaban.
Sólo cuando estaba algo más espabilada me daban descargas eléctricas. Aquella oscura celda olía a humedad, podredumbre y a muerte. Las paredes parecían contar las historias de sus antiguos huéspedes. ahora yo estaba allí. Sintiendo la muerte en cada poro de mi piel. Mi carne gritaba sufrimiento por cada lado. ¿Por qué no había muerto ya?. No podría soportar más sus torturas.
Gritar, sollozar, volver a gritar, sangrar, vomitar, gritar, sollozar, perder el conocimiento.
Sentía que tenía el cerebro frito, que iba a morir sin poder defenderme. Mi existencia no había significado nada para nadie.
Antes de tomar la última bocanada de aire, de mis labios salió solo su nombre.
De repente, el mundo se apagó.

No hay comentarios:
Publicar un comentario