miércoles, 1 de abril de 2015

Capítulo 2, parte 1 «Buscando al camaleón»

La luz se filtraba a través de mis párpados. Débilmente traté de abrirlos, pero el resplandor me lo impedía. De pronto, las punzadas de dolor se hicieron eco de mi consciencia y atacaron cada centímetro de mi cuerpo, impidiendo que pudiera siquiera incorporarme.


Cuando pude acostumbrarme a la claridad, observé atentamente todo lo que estaba a mi alrededor. Sobre mi, solo se encontraba el techo de la habitación, de color blanco con una lámpara de color hueso. bajando la vista, observe un amplio ventanal por el que podía divisar la playa.
¿Me encontraron allí?, pensé. Las ramas de los árboles se mecían apaciblemente a pesar del día nublado, todo indicaba que llovería. Después de observar el exterior, volví al escrutinio de la habitación en la que me encontraba. Estaba decorada de una forma muy austera. Las paredes blancas, los muebles blancos, las sábanas de la cama en la que yacía también eran blancas.


De pronto, oí unas pisadas al otro lado de la puerta del cuarto. ¿Qué hago?, me dije. No tenía muchas opciones, puesto que ni siquiera podía moverme por el dolor. La puerta se abrió, y los pasos se acercaron a mí más y más. En la estancia, dos respiraciones en sincronía.
-Vaya, no te has despertado todavía. -dijo una voz masculina, pero a la vez dulce y apaciguante. -¿Qué te han hecho?, menos mal que te encontramos, sino, puede que ahora estuvieses muerta.
-¿Encontramos?, ¿había más gente allí?.
-Tienes suerte de que mi hermana sea médico, yo no podría haberte tratado todas esas heridas. En fin, espero que despiertes pronto, llevas una semana durmiendo y eso no es bueno.


-¿Todavía nada?, -dijo una voz femenina desde la puerta de la habitación.
-No, sigue durmiendo. ¿Es normal?.
-Estaba muy maltrecha Dae, tenía muchas heridas profundas y había perdido mucha sangre. No sabemos que más le haya podido pasar. Su cuerpo entero es un cardenal, debieron ensañarse con ella.
-Pobre muchacha, seguro se encontró en el momento y lugar más inoportunos.
-Quizás, pero tendremos que esperar a que recupere la conciencia para poder preguntarle. De todas maneras, debería estar en un hospital, aquí no puedo tratarla debidamente y necesitaríamos hacerle una resonancia y unas radiografías, puede tener heridas internas que no haya podido detectar.
-No puedo Hye Mi, ella me lo pidió. ¿Y si quienes le hicieron esto la están buscando en los hospitales?.
-Si no despierta en estos días, tendremos que llevarla, te guste o no. No pienso dejar que muera, solo porque la busquen.


Podía oír todo lo que decían. Me estaban ayudando, solo porque se lo pedí. Del mundo del que yo provengo, el desinterés no existe. Nadie te ayuda si no es para recibir algo a cambio.
La única persona que me trataba como ser humano era Soo Hyuk. -¡Soo Hyuk!, grité en mi interior. Di a mi me había pasado todo esto, ¿que sería de él?. No me perdonaría nunca que le hubieran matado por mi culpa. Tengo que buscarle, tengo que saber que está vivo.


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-Hey, acabarás desarrollando adicción al trabajo, para un poco hombre, relaja la vista.
-No puede ser que en estos dos años no haya ni una sola pista sobre ella, nada de nada. -dijo pasándose la mano por la frente.
-Todo este asunto es muy raro. Primero, vinieron exigiéndole llevar a cabo una misión sospechosa. Ni siquiera había sido revisada por el director del MI6. Hay muchas cosas que no concuerdan. Nunca se ha enviado a nadie a los campos de entrenamiento por faltar al respeto a un superior. Siempre se los ha encerrado en celdas de aislamiento o se les ha castigado con doble entrenamiento, pero esto no lo había visto nunca.
Waters aquí de repente, no sé, hay algo que no encaja.
-Lo sé Tom, precisamente por eso te pedí el favor de llevar todo esto en secreto. Si nos descubren llevando a cabo una investigación no autorizada, y más sobre este caso, no puedo garantizar ni tu seguridad ni la mía. Debemos descubrir que pasó aquella noche.
-¿Qué tal si lo repasamos todo otra vez?, dijo Tom, dando un sorbo a la taza de café que tenía sobre su escritorio.
Pasándose los dedos por las sienes, respondió con voz cansada, -Ya te lo he contado mil veces, nos llevaron al puerto, allí debíamos coger el barco que nos llevaría a Padang, y nos tendieron una emboscada. Solo la perdí de vista un instante...un...maldito instante y desapareció.


Soo Hyuk no había parado de buscar a su camarada, ni siquiera cuando el MI6 la declaró fallecia oficialmente, grabando su nombre en el muro de los caídos en acto de servicio. Cada día, antes de volver a casa, se paraba junto al muro, observando su foto, negando la posibilidad de que estuviera muerta.

-No puedes estarlo, no, no puedes, me lo prometiste. Casi susurrando estas últimas sílabas, llegó a su mente los tiempos en los que era ella un simple cadete y él su instructor. Compenetrados al máximo en cada operación. Ella destacaba en todo lo que hacía, igual que él cuando estuvo en su lugar. Siempre echándole sermones por su irreverente y tempestuoso carácter, el que le había jugado unas cuantas malas pasadas.

«Siempre te digo lo mismo, y siempre acabas cayendo del mismo modo. ¿Es que no te he enseñado nada?. -Dijo, mientras le limpiaba la sangre de la boca.
-Es dificil callarse de ese gilipollas. -Dijo ella dedicándole una media sonrisa.
-Menos mal que te he enseñado bien, me habría dolido justo en el orgullo que encima te pisotease, aunque reconozco que no te habría venido mal un escarmiento. Tu soberbia acabará contigo.
-Nunca te daré el gusto de verme perder. -Dijo poniéndose en pie.
-Prométemelo. -Dijo cambiando su expresión, tensando todos los músculos de su rostro.
-¿El que?, -Respondió ella, sorprendida por el rumbo que había tomado la conversación.
-Nunca dejarás que nadie te hiera. No dejarás que nadie te mate.
-Nunca. Lo prometo. -Tras responderle, ella se marchó, dejándole pensativo, observando como se alejaba».


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“Hoy se nos ha informado del robo de una de las piezas más valiosas del museo de historia coreana en Seúl. Han sido sustraídos dos accesorios de cabello de la Reina Min, esposa del monarca Gojong, vigésimo sexto rey de la dinastía joseon. Ambas piezas se guardaban en las cámaras de alta seguridad del museo, siendo expuestas solo dos veces al mes.


El robo tuvo lugar entre las 2:00 y las 3:00 de la madrugada, sin dejar rastro alguno del autor o autores. En estos momentos, nuestros corresponsales se encuentran en la estación de policía esperando por la rueda de prensa del comisario Hwang Jung Hwa.


Damos paso a nuestros reporteros.


-Buenos días, desde la comisaría de policía se nos ha facilitado una sala para una rueda de prensa del comisario. Como antes habéis informado, no se tienen pistas concluyentes de los autores del delito, pero según ha explicado el comisario, todo apunta a que el sospechoso número uno es la archiconocida ladrona de arte y reliquias “Chameleon”. Lleva meses en busca y captura por los diferentes delitos cometidos. Entre ellos, vender objetos históricos en el mercado negro o incluso a diversas mafias que trafican con arte.


Se desconoce su apariencia y nombre real, solo hemos tenido acceso a los pocos datos que han sido revelados, entre ellos su modus operandi, que consiste en suplantar la identidad de cualquier persona a cargo del objeto a sustraer sin levantar sospechas, para hacerse con el material necesario para acceder a los recintos restringidos de los museos o galerías.


Nadie sabe nada acerca de esta persona, no se ha hallado muestras de ADN en las escenas de los crímenes.


La única pista encontrada ha sido previamente colocada por la criminal en el lugar de los hechos. Se trataba de una adivinanza, la que le dio el apodo por el que la conocemos.


De momento no poseemos ningún dato más acerca del delito y del delincuente.
Jung Dae Jong, para Minjoo news.


La policía ha activado varios dispositivos de seguridad en todos los museos y galerías de la ciudad, además las piezas sustraídas están siendo rastreadas para que no puedan salir del país…”




-Suficiente. -Dijo mientras apagaba la televisión. Es hora de encontrar un informante. Tengo que llegar a la inteligencia inglesa desde aquí. Descubrir quien se ha encargado de mantenerme toda mi vida a ciegas, porque me vendió a esos cabrones que me mantuvieron 9 meses bajo tortura y un día sin más me soltaron. Tengo que encontrar a Soo Hyuk, o por lo menos saber si está vivo. Y si lo está, ¿por qué no me ha buscado?. Yo he cumplido mi promesa.


Tras tanto tiempo viviendo en el más estricto anonimato, sabía que era hora de emerger y buscar respuestas a todo lo acontecido. Estos tres últimos años habían sido una pesadilla. Sin casi poder dormir temiendo que sus captores le hicieran revivir sus meses de tortura en sueños. Temiendo cualquier cosa, por nimia que fuera.


Había acabado la tregua, era hora de empezar el juego, hora de hacer pagar cada instante de sufrimiento, cada gota de sangre que derramé y estaba dispuesta a llevarme por delante a todo y a todos.


El teléfono empezó a sonar, me levanté del sofá y mirando por el grande y luminoso ventanal de la casa, respondí.
-¿Ya terminaste?.
-¿No crees que fue demasiado arrogante el dejarles una pista?.
-Al contrario, esto me dará más margen para jugar.
-Si dan contigo, no saldrás de la cárcel en el resto de tu vida.
-Si, dan conmigo, no tendrán ni idea de quien soy y mucho menos pruebas sobre los delitos. Espabila, ¿Tenemos comprador?.
-Ehh, acabo de recibir un correo. Un coleccionista inglés quiere adquirir los objetos. Ofrece 50 millones de libras por ambas.
-50 millones por cada una o no hay trato.
-¡Eso es mucho!.
-¿Crees que los que pujan por estas cosas son pobres?. Para ellos, esto es calderilla.
-Ha aceptado. Le de enviado los datos de la cuenta bancaria.
-Si en 15 horas no se ha hecho la transferencia, cancela el trato.
-Ok. ¿Qué tienes pensado hacer con tanto dinero?.
-¿En algún momento hemos decidido que te pagaría por hacer preguntas sobre mi?.
-No.
-Pues cierra el trato, coge tu parte y mantén el móvil encendido.
-Oye, pero…


-Agh,¿ no saben trabajar sin preguntar?. -Dijo mientras soltaba el móvil sobre la cama.
Necesito encontrar una fuente para la información. Es hora de mancharse las manos.

domingo, 4 de enero de 2015

Capítulo 1, parte 3 «Dolor y cordura»

Cuando una débil luz se hizo paso entre las pestañas, parpadeé débilmente, intentando recuperar el punto de fuga y tratando de restablecer la cordura.

No sabía cuánto tiempo llevaba allí. Quizás días, quizás meses, quien sabe. 

Todo mi ser se iba adhiriendo a las paredes de aquella asquerosa celda. Sabía que iba a morir, pero mi captor se regocijaba en hacerme sufrir y de paso, mutilar mi ya demacrado cuerpo.


Apenas tenía dos horas de estabilidad mental, el agotamiento se sobreponía a la razón, el dolor a cualquier otro tipo de emoción. Luego estaban aquellas cosas que me inyectaban. Para dejarme mansa, para desactivarme.

-Buenos días, bella durmiente. Cada día duermes más, quizás un día, no te despiertes. -Dijo el guarda de la celda con una sátira sonrisa. Acto seguido, cogió las llaves que colgaban del cinturón de su uniforme y abrió la reja.

Dos hombres entraron y me levantaron del suelo. Yo no era capaz de moverme, la tortura a la que me sometían diariamente me había atrofiado los músculos de todo el cuerpo. Me condujeron a la rastra por un infinito pasillo de hormigón, solo iluminado por unos poco fluorescentes que colgaban precariamente del techo y que terminaba en una bifurcación.

Siempre girábamos a la derecha, hasta la puerta del fondo, que daba a una sala en la que las paredes eran de azulejos blancos, como en los antiguos hospitales.

En el centro, una silla con correas me esperaba. Ya nos conocíamos... demasiado bien.

Los dos guardias que me había traído hasta allí, me sentaron en aquel aparato del infierno, apretando las correas de cuero tanto, que me cortaban la circulación. Mis muñecas ya tenían el dibujo en carne viva de las correas, nunca sanaban, no daba tiempo.

Una vez bien atada, entraba un hombre vestido siempre con elegantes trajes, que se sentaba justo frente a mi y disfrutaba con el retorcido juego.

-Hola preciosa, espero que hoy colabores conmigo, no quiero hacerte más daño. -dijo mientras se ajustaba la corbata y arqueaba una ceja. - Puede que yo estuviera maltrecha, pero sabía cuando me estaban mintiendo. ¿Que no quería hacerme más daño?, ¡já!.

-¿Dónde está el archivo de la operación clockwork?. -preguntó en un tono que hasta pareció amable.
-No sé que es eso, -dije con un hilo de voz.
-¿No?, creo que mientes. Si no, ¿por qué ibas a estar aquí?.
-Ya te he dicho que no lo sé.
- Y…¿si lo supieras?. -Preguntó levantándose de la silla y caminando hasta colocarse frente a mi.
-Me tragaría la lengua primero. -Le respondí con los ojos encendidos en furia.

Tras esa respuesta que no le gustó nada, me asestó un fuerte puñetazo, haciendo que rápidamente la boca se me inundara de sangre.
-¿Quieres tragarte la lengua?, porque no tendré ningún tipo de piedad para arrancártela de cuajo.

Aquel hombre tenía muy poca paciencia. Según mi cautiverio iba avanzando, su sadismo crecía. Casi no recuerdo todo el castigo que he soportado, pero mi cuerpo tomaba nota de todo ello.
Las cicatrices en la espalda y las piernas, los cortes, moretones, huesos rotos, cada día más doloroso, cada día más brutal.

Me va a costar mucho hacerle daño a tu precioso cuerpo, pero no veo otra opción. Y con un golpe seco, me atravesó el muslo con un clavo de unos cuarenta centímetros de longitud, enmudeciendo la sala con un feroz grito de dolor. La sangre salía sin cesar de la herida, mientras él lo retorcía y empujaba hacia abajo.

-Ahora hablarás. -Con un chasquido de sus dedos, otro de los guardias, colocó unas pinzas alrededor del clavo, mientras que el otro, me introdujo una pequeña pala de madera recubierta de gasa en la boca.

Sin miramientos, accionó el interruptor y la corriente pasó a través del clavo a mi cuerpo. Me zarandeaba sin piedad, era un dolor indescriptible, dejándome al borde del colapso.

Hacía ya mucho tiempo que deseaba morir. Me entrenaron para soportar el dolor, me entrenaron para mantenerme fuerte. No tenía miedo a morir, ni a la tortura. No iba a hablar, tampoco sabía qué querían de mí, así que solo esperaba a que mi cuerpo dejase de funcionar.

Y así se sucedían los días, hoy descargas, mañana palizas, pasado intentaban ahogarme. Una y otra vez, una y otra vez.

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-No va a decir nada, está en muy mal estado, si seguimos así, no tardará en morir. -Dijo el hombre de los elegantes trajes. -¿Qué hacemos?, ¿la matamos?.
-¡No!, no podemos matarla aún, necesitamos su expediente y el archivo de la operación. Vamos a soltarla, seguro que estarán buscandola. Si la encuentran, podemos rastrearlos.


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No podía siquiera pestañear sin que todo mi cuerpo temblara de dolor, no quedaba mucho para que perdiera la consciencia. 

Todo en esa mugrienta celda daba vueltas, todo sonido hacía eco en mis oídos, dejándome totalmente aturdida, a merced de cualquiera. 

De pronto, dos sombras se posaron frente a mi. Me sentí levitar, “el fin ha llegado”, -pensé. 

Otra vez me arrastraban por el mal iluminado pasillo.
El sudor resbalaba por mi frente, mientras notaba como la piel de los pies se rasgaba al ser arrastrada como un saco inerte.

Esta vez tomamos una dirección diferente.

-E... es...toy lis...t...t...a, -susurré antes de perder mi presencia de espíritu.

Aquellas dos sombras que transportaban aquel guiñapo, detuvieron la marcha al llegar a la superficie.

-¡Despiértala!, si se muere ahora, seguiremos su mismo camino. -dijo uno de ellos.

Sin miramiento alguno, me abofeteó hasta que conseguí abrir débilmente los amoratados ojos.
¿Dónde estábamos?, -me pregunté a mi misma.

La noche bañaba todo el paisaje.Sólo podía divisar lo más cercano a mi, la orilla del mar. La brisa húmeda y fría penetraba bruscamente el trapo de hospital que llevaba por ropa. Rápidamente me percaté de la temperatura y el cuerpo me empezó a tiritar violentamente.

Una enorme luz se aproximaba a la orilla donde nos encontrabamos. Se trataba de una pequeña lancha en la que venían dos tripulantes.

El walkie de uno de los guardias empezó a sonar. -¡Contesta!, será el sargento preguntando por qué tardamos tanto.
-Si, la lancha acaba de llegar, esperábamos su orden sargento. , -dijo mientras la voz contestaba a través del artilugio. -Proceded.
-Si, señor, cambio y cierro. -Afirmó, mientras le hacía un gesto afirmativo a su camarada.

Se acercó a mi apuntándome con el arma, mientras el otro guardia me colocaba de rodillas, una postura que casi no podía mantener debido a la debilidad de todos los huesos y músculos.
-Dulces sueños…

Con la culata de la pistola me dió un fuerte y seco golpe en la sien, cayendo mi cuerpo súbitamente sin conciencia.
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Tirada en el suelo cual despojo, el agua del mar se filtraba lentamente en mi boca, también mojando mi piel.

Era solo agua, pero dolía más que un cuchillo. Estaba congelada.

Poco a poco conseguí abrir los ojos. No había nadie a mi alrededor, el paisaje había cambiado. Mi adolorido cuerpo no me permitía moverme.

De pronto, oí unos pasos que se acercaban rápidamente a mi. No podía ver quien era, me retiró el pelo de la cara y puso sus dedos en mi cuello.

-¡Respira!, -dijo volteándome para ver si tenía alguna herida grave. -Vamos, no puedes quedarte aquí, necesitas ir a un hospital.

¿Un hospital?, sería mi fin si me llevase allí, me encontrarían de nuevo… no, no podía permitirlo.

-N….n...no…, no pue...do, un hospi...tal...no, -dije con la poca fuerza que tenía. - Él me levantó y me sacó del agua en brazos, después volví a caer presa de la debilidad.

viernes, 5 de diciembre de 2014

Capítulo 1, parte 2 «Hasta aquí hemos llegado».

Durante las 8 horas que duró nuestro vuelo, Soo Hyuk no dijo nada. A veces me miraba de reojo con intención de decir algo, pero siempre se contenía.


Odiaba que se callara cualquier cosa que quisiera decirme, a pesar de que le hacía la vida difícil, era la única persona en quien confiaba.
Relajada e intentando sonar tranquila y amistosa, me decidí a hablarle. -¿Dónde vamos?.
- De momento nos dirijimos a Jakarta, después allí veremos que destino nos espera. -Dijo seco y retorciendo un papel que sostenía en la mano.
-Jakarta… había destinos de castigo más cercanos y con menos gastos para la madre patria.-Dije irónicamente.
-Deja de hacerte la lista, estás aquí por cabezota.
-¿Vas a empezar con eso otra vez?, por Dios, ya me quedó claro la primera vez, no hace falta que insistas. -Dije ya desquiciada.
-¿Es que no eres consciente de que puedes morir?, ¿no te he enseñado nada?.
-Me has enseñado muchas cosas y una de ellas es pensar en mi bienestar. ¿Crees que esa misión será ir, colarse en un par de sitios y volver?. ¿Es que no conoces a Waters? -dije más serena intentando calmarlo a él.
-Si hubieras aceptado, yo habría sido tu jefe de equipo, como siempre.
-Si hubiera aceptado, te habría puesto en peligro. -dije con el rostro serio.


Giré la cabeza y me puse a mirar por la ventanilla del avión, mientras él seguía observándome. Llevábamos tantos años en la misma división, que parecíamos hermanos. No, hermanos no, eso nunca.


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Por fin llegamos a Jakarta.


Aterrizamos en un aeropuerto militar de las afueras, en la que una furgoneta nos esperaba para llevarnos donde quiera que fuésemos.
Ante nuestra llegada, el conductor de la furgoneta se bajó y saludó a Soo Hyuk.
-¡Vaya!, ¿Qué te trae aquí de nuevo?.
-¡Sean!, ¿cómo estás amigo?, dijo Soo Hyuk, dándole un abrazo.
-Creí que iba en serio cuando dijiste que no pisarías este país otra vez. -Mientras hablaba, yo me acerqué despacio a ellos, limpiando los cristales de mis gafas de sol.-Vaya, vaya. Eso lo explica todo. -Dijo Sean mirando en mi dirección. -Sabía que habría una buena razón para que arrastrases tu culo hasta aquí.
-No digas chorradas, ella está en mi equipo.
-Si llego a saber que me tocarían alumnos así no habría aceptado este puesto. -dijo sonriendo.


Ya a su altura, Soo Hyuk se volvió hacia mí. -Dante, este es Sean Murray, Teniente de las fuerzas armadas de su majestad aquí en Indonesia.
Sean me extendió la mano para saludarme y correspondí su gesto seria e impasible.
-Es un poco hosca, ¿no crees?.
-Es peor, está aquí para adiestramiento especial. -Dijo Soo Hyuk esbozando una sonrisa.
-Ah, los viejos tiempos. ¿Cuántas veces nos han traído a nosotros por lo mismo?.
-Más de las que podemos recordar.
-Bueno hermano, voy a llevaros hasta el hangar, allí uno de nuestros conductores os va a llevar hasta vuestro destino. -Sean bajó el tono y le dijo a Soo Hyuk, -Tío, cuidaos de lo que os espera, por lo que he podido oír, no es un correctivo ordinario. Algo está pasando, todos andan muy nerviosos por aquí.
-De acuerdo.-Respondió Soo Hyuk apretando los labios.




En el hangar, un todo terreno algo desvencijado estaba listo para llevarnos. Soo Hyuk se paró para hablar con el conductor y este le dijo que nos llevaría hasta el puerto. Allí, por lo visto nos esperaba un barco.
-Capitán, ¿vas a decirme dónde vamos?, le pregunté calmada y con voz suave.
-Nos llevan a Padang, allí está el teniente Víctor Connel, es el jefe de nuestro comando y el que nos asignará tu misión. -dijo secamente mientras, observaba atentamente cada detalle a nuestro alrededor.
-Sí, señor. -Dije en voz baja, acomodándome en el asiento.


Durante todo el trayecto, nadie dijo nada, el ambiente estaba extrañamente recargado, por lo que me ahogaba el solo hecho de permanecer tan tensa durante tantas horas.
¿Que me habían preparado esos cabrones del MI6?, estaba más que segura de que querían mi muerte, pero lo que más furiosa me ponía, era no saber el por qué. ¿A qué venía tanto secretismo en torno a mi persona?. No conocía casi nada del mundo exterior, sólo el dolor, el sufrimiento, el olor de la sangre y el miedo de sentirte sola y amenazada por unos sádicos a los que llamaba entrenadores.



La noche era cerrada al llegar al puerto, la brisa marina se introducía en los huesos haciendo que hasta el alma tiritase. El conductor nos llevó hasta el muelle, donde nos esperaba el capitán del barco. Bueno, si a eso podíamos llamarlo barco.
Era una especie de bote con una cabina minúscula. La eslora no mediría más de 3 metros.
-Dante, sube, tenemos que irnos de aquí lo antes posible.
-Soo Hyuk, espera. -Dije con la voz entrecortada.
-¿Qué pasa?, tenemos que irnos ya.


A nuestro alrededor, la atmósfera se sentía pesada, casi asfixiante. Podía sentir como el sudor frío se amontonaba en mi frente intentando avisarme de algo.
El muelle parecía solitario, pero Soo Hyuk y yo sabíamos que no era cierto. Algo ocurría, estábamos en peligro.


Con sigilo, me aproximé a él, intentando ponerle alerta y le susurré, -Dos detrás del pesquero a mi izquierda, tres en el callejón, dos en la nave y uno en el bote que nos lleva a Padang.


-¿Segura?, -dijo sin apenas mover los labios.
-Del todo, quizás haya más gente, pero son a los únicos que he podido ver de momento.
-Prepárate. ¿Recuerdas el día de la expedición en campo abierto?, debemos seguir ese mismo procedimiento. Cubre mi espalda y yo cubriré la tuya. ¿entendido? -Dijo nervioso, mientras sutilmente se colocaba detrás de mi.


Un escalofrío recorrió su espalda, estábamos listos para entrar en combate, pero totalmente a ciegas. No teníamos más que las armas que escondiamos. Soo Hyuk fue muy tajante con eso en nuestra formación. Nunca debían pillarnos desarmados y con la guardia baja. La experiencia nos había hecho memorizar donde ocultaba el otro su arma.


Oímos pisadas cada vez más cerca de nosotros, mi cuerpo se estremecía y tensaba preparado para lo que nos estuviera destinado esa noche.


-Dante, no les permitas tocarte. -Susurró mientras su mano lentamente se deslizaba por la pernera del pantalón para acceder al cuchillo.
-No lo haré.


Antes de que pudiera decir algo más, dos hombres con pasamontañas se abalanzaron sobre nosotros. Rápidamente saqué el cuchillo que ocultaba en la hombrera de mi chaqueta, y en un brusco giro se lo hundí en la garganta, haciendo que un torrente de sangre saltase sobre mi cara.
Soo Hyuk forcejeaba con su contrincante, quien intentaba quitarle el arma, pero en una fuerte embestida, le rompió brutalmente el cuello dejandole caer súbitamente al suelo.


Rehaciendo la formación, en menos de dos segundos estábamos completamente rodeados por más de 15 asaltantes, que nos apuntaban con pistolas.



-¡No disparéis!, se oyó una voz detrás de la formación. todos ellos mantuvieron las pistolas señalando nuestros cráneos, mientras una figura avanzaba entre las sombras.- Ahora no eres tan fiera. -dijo la sombra con rintintin.
-¿Waters? -pregunté intentando descifrar los rasgos del enemigo.
-En efecto, querida. Desde que te conozco solo me has causado dolores de cabeza y pensé que quitándote de enmedio todos nuestros problemas desaparecerán de un plumazo.
-Cabronazo, toda la excusa de la misión era un pretexto para matarme. ¡Hazlo ahora hijo de puta!, ¡MÁTAME! -Le espeté.
-No tan deprisa, antes de dar por finalizado tu servicio en el MI6, me divertiré un poco contigo. ¿Creiste que saldrías indemne?, jajaja, vas a desear no haber nacido.
-Waters, ¿Qué es lo que quieres? -Dijo Soo Hyuk intentando distraerle.
-Ahh, el perro faldero del MI6 y guardían de la pequeña ricitos de oro, Kwang Soo Hyuk. ¿Nunca te cansaste de sonarle los mocos a la muñequita favorita de todos?. No hace falta que contestes, sé de sobra que no. -Waters esbozó una malvada sonrisa. -¡Ponedles de rodillas!.
Los hombres de waters nos quitaron las armas, nos retorcieron las muñecas hasta que nos pusimos de rodillas del dolor.
-Es magnífico, ni siquiera un gritito de dolor, que pena, siempre he deseado verla muerta de miedo.
-Tendrás que currártelo mucho para hacerme temblar cabrón. -Le escupí con todas mis ganas a la cara, respondiendo él con un fuerte puñetazo que me abrió el labio.
-Si vuelves a hacer algo tan estúpido, rajaré a tu amiguito desde el puto ombligo hasta la nariz, ¿entendido?.


Me sentía mareada, el cabrón me había pegado con todas sus ganas y la sangre no dejaba de salir de mi boca.
Waters se inclinó hasta estar cara a cara con Soo Hyuk. -En realidad, sólo soy un mandado, la quieren muerta y a ti también. Tanta fidelidad a alguien que os vende como perros. No voy a seguir perdiendo el tiempo con vosotros. Ha llegado la hora, hasta más ver. -Dijo sonriendo. Lentamente se fue alejando de nosotros hasta que montó en el coche que esperaba por él.


-Que ni se te pase por la cabeza dejarte matar, Soo Hyuk, o seré yo quien te abra el cuello. -dije adoptando la posición de defensa. No sabíamos si había llegado nuestra hora, pero había que pelear. Pelear y sangrar o pelear y morir. Esa era la única doctrina a la que debíamos rendir cuentas.


Estábamos en el centro de un círculo en el que quienes nos rodeaban iban armados hasta los dientes con pistolas y barras de hierro. La luz de la luna hacía que todo aquel mortífero metal resplandeciera de una forma casi diabólica. El silencio era sepulcral, esperando el primer movimiento para que el sacrificio empezase.


Soo Hyuk y yo nos miramos, sin apenas un gesto, ya sabíamos como actuar. El sonido de uno de ellos cargando el arma fue el pistoletazo de salida, pero nosotros sabíamos movernos mejor que ellos. Rápidamente me escurrí detrás de uno de los que portaban una barra de hierro usándolo como escudo protector frente a las balas. Una ráfaga de balas acribilló al pobre diablo que sostenía. Aquellos cabrones despiadados vaciaron el cargador sobre su propio camarada.
Conseguí esconderme detrás de un contenedor intentando analizar la situación. Detrás de mí había tres personas, una de ellas distraída viendo como Soo Hyuk había despedazado a dos de sus compañeros.


En silencio me moví cual serpiente, sin hacer ruido, calmada pero letal. Salté sobre el tipo distraído lanzándole un puñetazo en la garganta para dejarlo desarmado. El ruido que hizo al desplomarse llamó la atención de los otros dos, que se giraron al unísono poniendo cargadores nuevos a las pistolas. Sin casi despeinarme, barrí a los dos haciéndoles caer al suelo para apoderarme de las armas.
-No...no dispares, por favor. -Decían desde el suelo, suplicando como masas lloricas mientras oían a la muerte llegar bajo las campanas del infierno.
-No voy a disparar, voy a separar vuestras cabezas del cuerpo y echarlas al agua, para que seáis pasto de los peces.
La furia se había hecho con mi cuerpo y mi mente, no era consciente de nada más que pudiera estar ocurriendo allí. Iban a morir, pero iban a sufrir, hasta el último momento de su asquerosa vida. Era una lástima, pero solo tenía tiempo para descargarme con uno, así que los puse frente a frente. -Tú, fijate bien en lo que voy a hacer, porque será lo mismo que te ocurra después. En un súbito golpe, le clavé el cuchillo atravesándole la nuez, mientras la sangre corría a borbotones, de un golpe seco le rajé la garganta.
-Amigo, es tu turno, pero a ti voy a arrancarte la puta cabeza.


Antes de que pudiera dar muerte a ese desgraciado, oí a Soo Hyuk gritar mi nombre. Estaba en problemas. Me giré para terminar lo que había empezado, pero él ya no estaba allí, se me había escurrido de entre los dedos.


De pronto noté una presencia tras de mí. -Es mi turno, zorra. -Dijo golpeándome en la cabeza con una barra de hierro. Caí al suelo como un saco de harina. Era mi fin.

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No sabía que ocurría, solo sentía el dolor. Casi no podía abrir los ojos y si lo hacía, no conseguía ver con claridad. Me pasaba más de 15 horas diarias bajo los efectos de la droga que me inyectaban. 

Sólo cuando estaba algo más espabilada me daban descargas eléctricas. Aquella oscura celda olía a humedad, podredumbre y a muerte. Las paredes parecían contar las historias de sus antiguos huéspedes. ahora yo estaba allí. Sintiendo la muerte en cada poro de mi piel. Mi carne gritaba sufrimiento por cada lado. ¿Por qué no había muerto ya?. No podría soportar más sus torturas.

Gritar, sollozar, volver a gritar, sangrar, vomitar, gritar, sollozar, perder el conocimiento.

Sentía que tenía el cerebro frito, que iba a morir sin poder defenderme. Mi existencia no había significado nada para nadie.
Antes de tomar la última bocanada de aire, de mis labios salió solo su nombre.

De repente, el mundo se apagó.